Vanguardia Educativa ha llegado a ser un importante material de apoyo para la actualización de los maestros.

Tenemos un reto: educación de calidad para todos, y la solución está en nuestras manos. Conoce el trabajo de la fundación CRE.

Vanguardia Educativa la revista sobre educación que no puedes dejar de leer por su información actual y fundamentada con un enfoque humanístico.

DISTRIBUIMOS A TODA LA REPÚBLICA

Aviso de privacidad

DISTRIBUIMOS A TODA LA REPÚBLICA
DISTRIBUIMOS A TODA LA REPÚBLICA
La exclusión de las Humanidades y su relación con la política
PARTE I Eduardo Benítez Tamez Eduardo Benítez, en esta primera parte, hace un estudio sobre las consecuencias negativas de excluir las Humanidades y las Ciencias Sociales en la educación actual. La Universidad, como entidad educativa, mantiene una estrecha relación con la política y la economía del país. Algunas variables son los análisis y toma de decisiones, como por ejemplo el número de estudiantes, la cantidad de instituciones en el país que ofertan programas educativos, el marcado y el enfoque en la productividad. Se constataron las variaciones en los discursos de la SES y la visión de la educación pública superior con miras al año 2015. El paradigma del estudiante es el referente que marca la fundamentación y las acciones de la educación. Se enfatizó en la necesidad de responder a las necesidades del país desde una perspectiva global y revalorar la educación como culturización del individuo. En el reporte de la UNESCO sobre el estado actual de las Ciencias Sociales (2010), hace un análisis de cómo se encuentran estos conocimientos y algunas problemáticas que afronta. Hay esfuerzos por valorar el conocimiento como un eje clave para la transformación de los individuos y el desarrollo de la sociedad, pero el conocimiento se encuentra bajo relaciones de poder que permiten o impiden su producción y divulgación. En el reporte de la UNESCO se hace la siguiente valoración sobre el conocimiento y su estado actual: «El conocimiento, en sus manifestaciones de ciencia, tecnología e innovación, ha adquirido un papel primordial para el desarrollo de las naciones. Se habla de una sociedad basada en el conocimiento, de una época dominada por el conocimiento. Sin embargo, se enfatiza el papel de las llamadas “ciencias duras” (Física, Química, Biología, etcétera) y de las ingenierías, y se desestima el papel de las ciencias sociales y de las ciencias humanas (humanidades) (UNESCO, 2010, p.12).» Como lo menciona la UNESCO, el conocimiento es una manifestación del ser humano en sus diferentes ámbitos sin importar categorías o áreas en particular. En pos de desarrollar las naciones en aspectos que responden a intereses de los gobiernos y sus entidades correspondientes. Se ha puesto mayor interés en temas como la tecnología, ciencia e innovación y las organizaciones realizan esfuerzos para poder contar con ellos con la intención de potencializar sus resultados. Esto conlleva a que algunas áreas de conocimiento tengan mayor relevancia a diferencia de otras que no son tomadas en cuenta. Generalmente el criterio que fundamenta lo anterior, es su aplicación en el campo laboral y la facilidad con la que se pueden medir los resultados y beneficios que se obtienen. Ésta es una de las razones por las cuales los programas educativos relacionados con las ciencias duras y la ingeniería tengan una alta demanda en las organizaciones y las Humanidades y el arte, no. Por su naturaleza, la medición de beneficios de las humanidades y el arte no es un ejercicio fácil y el interés que despierta no es suficiente para ahondar en la necesidad de su inclusión en las iniciativas de toda índole. De acuerdo con de Pablo, existe cierta inconsciencia sobre el potencial que tienen: «[…] hay que reconocer que, ni los propios investigadores son conscientes, muchas veces, de este potencial, ni se incentivan estas actividades en la carrera académica, y, por otra parte, ni la Sociedad ni el medio empresarial conocen lo que la investigación en Humanidades y Ciencias Sociales puede proporcionarles (de Pablo, 2009).» Tradicionalmente, las Humanidades y las Ciencias Sociales se consideran como conocimientos improductivos que no tienen mayor aplicación que el ocio de los individuos. El peso de los discursos empresariales tiende más hacia la productividad y el incremento de los ingresos en respuesta al ambiente competitivo y la globalización del mercado. Los tiempos demandan acciones inmediatas con resultados contundentes, cualidades que no se atribuyen a estas áreas de conocimiento, aunado a los pocos esfuerzos por buscar com-prender su importancia en las organizaciones y en la sociedad en general. Al respecto, Zamitis habla sobre el desconocimiento que se tiene sobre las Humanidades y las Ciencias Sociales: «[…] persiste en la sociedad la carencia de un reconocimiento pleno hacia las ciencias sociales como disciplinas formales, con carácter científico y valor profesional, pues en buena medida siguen siendo vistas como disciplinas de segundo orden, altamente ideologizadas, poco serias en sus conclusiones y poco eficaces en la solución a cuestiones prácticas (Zamitis, 2015).» Una de las razones por las cuales Zamitis considera que las Ciencias Socia-les y las Humanidades son excluidas es debido a que son consideradas como disciplinas que no cubren con la formalidad y el rigor científico, situación que responde al cumplimiento, procesos y comprobaciones para aceptar como verdaderos sus discursos. La aceptación de la comunidad científica que tiene las características que Foucault determinó para las sociedades discursivas, ejerce su poder y excluye a los discursos que conforman a las Humanidades. Su exclusión no elimina el conocimiento, pero le resta peso y demeritan su valor. Otra razón para su exclusión es el carácter ideológico con que tradicionalmente se identifica y se contrapone con el sentido objetivista que la ciencia persigue, además de lo complejo de su aplicación en situaciones concretas. Su factibilidad, en comparación con las ciencias duras y las ingenierías, las posiciona como una opción de menor confianza y poca factibilidad de uso. Estas situaciones ubican a las Humanidades en lo que Zamitis menciona como «disciplinas de segundo orden». De Pablo habla sobre las dificultades que afrontan las Humanidades y del poco aprovechamiento que las organizaciones hacen del conocimiento que producen: «Desde las Humanidades y Ciencias Sociales normalmente se generan capacidades, "know-how" y metodologías que dan lugar a estudios, informes técnicos, servicios, herramientas informáticas, edición de libros y material audiovisual. Sin embargo, dichos resultados no son objeto de propiedad industrial, y aquí ha residido la principal dificultad para visualizar el retorno a los centros de investigación de una forma sostenida en el tiempo (de Pablo, 2009).» Las cualidades de las ciencias duras y las ingenierías detonan el predominio de los discursos que las conforman, mismos que se adaptan fácilmente a la dinámica de los sectores económico y político que son fundamentales en las relaciones de poder en que están involucrados la verdad y el saber. De acuerdo con Breña, esta falta de atención a las Humanidades y ciencias sociales conlleva a su estancamiento: «[…] mientras continuemos pensando que las ciencias sociales y las humanidades se mantendrán (y prosperarán) por sí solas y no por la calidad del trabajo que hacemos día tras día, mientras todo esto suceda, el estancamiento de ambas en México seguirá siendo el elefante que nadie quiere ver (a pesar de estar apoltronado en el corazón de nuestras universidades y de nuestros centros de investigación) (Breña, 2016). _»
La presencia de las Humanidades es inminente. Se tiene conocimiento de su existencia en instituciones educativas y en otros centros relacionados. Si bien sus discursos no son predominantes en el cotidiano del cuerpo social en México, también es cierto que los individuos tienen nociones al respecto ya que forman parte de la cultura y son fundamentales para enriquecerla y fortalecerla. Pero no son foco de atención para las entidades políticas y económicas. Una de las manifestaciones que evidencian la exclusión de las Humanidades de la educación superior en México es a través del comportamiento del mercado laboral que regula la oferta de puestos de trabajo y demanda individuos para cubrirlas. Las universidades forman parte de esta dinámica al ser las encargadas de formar individuos que posteriormente ingresarán a este mercado con la intención de formar parte de las organizaciones con la intención de ejercer su profesión. Es importante analizar cómo impactan estos factores a las Humanidades y a los individuos que tienen interés en estudiar carreras afines. Para tener una referencia amplia del comportamiento de las carreras profesionales en México, se tomará en cuenta el total de carreras profesionales y la cantidad de estudiantes en cada una de ellas, considerando las universidades públicas y privadas. Si bien el presente análisis se hace en torno a las universidades públicas, es importante tener el total de las instituciones para una visión más significativa del mercado laboral en el país. De acuerdo a los resultados de El Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO, 2018), se tiene un total de 66 categorías de acuerdo a las carreras profesionales, mismas que están disponibles para los estudiantes. De estas 66 categorías, 17 están relacionadas con las Humanidades y las Ciencias Sociales; es decir, representan un 26% del total. Es importante mencionar que de las 17 categorías, 9 son relacionadas con la formación docente en diferentes niveles y especialidades; es decir, más del 50% del total que corresponden a las Humanidades y Ciencias Sociales. El resto de las categorías corresponden a: Psicología, Sociología y Antropología, Lenguas Extranjeras, Literatura, Filosofía y Ética, Bellas Artes, Historia y Arqueología, Música y Artes Escénicas. Se puede percatar en los datos anteriores cómo las categorías relacionadas con las Humanidades y Ciencias Sociales representan menos del 30% y cómo dentro de ella más de la mitad corresponden a la formación docente. Si no se considera la educación en este listado, los porcentajes disminuyen considerablemente a un 12% del total de las categorías. Ahora bien, estos datos representan solamente las categorías de carreras profesionales, también es importante considerar la cantidad de estudiantes que se concentran en ellas. De acuerdo a IMCO, durante el 2017 se tuvieron la siguiente cantidad de estudiantes en las categorías de Humanidades y ciencias sociales: aproximadamente el 21% del total de estudiantes que cursaron una carrera profesional se concentra en las categorías de Humanidades y Ciencias Sociales. Del 21%, casi el 15% corresponden a estudiantes de carreras relacionadas con la formación docente; es decir, el 6% de los estudiantes se concentra en el resto de las categorías de Humanidades y Ciencias Sociales. Un dato interesante es ver los resultados específicos de la cantidad de estudiantes en las categorías que por tradición son representativas de las Humanidades y ciencias sociales: Sociología y Antropología con un .48%; Literatura, .43%; Filosofía y Ética, .32%; Bellas Artes, .30%; Historia y Arqueología, .30%; y Música con un .28%. Los resultados son reveladores cuando estas categorías representativas no alcanzan medio punto porcentual. Queda en evidencia la poca concentración de estudiantes en pro-gramas educativos relacionados con las Humanidades y las Ciencias Sociales. En lo que respecta a las categorías con mayor concentración de estudiantes, se tiene un top 10 en el que se concentra casi el 40% de los estudiantes. De acuerdo a información de IMCO se tiene lo siguiente: Administración y Gestión de Empresas, 7.77%; Ingeniería Mecánica y Metalurgia, 6.57%; Derecho, 6.14%; Contabilidad y Fiscalización, 3.38%; Psicología, 3.21%; Negocios y Administración, programas multidisciplinarios o generales, 2.64%; Electrónica y Automatización, 2.58%; Medicina, 2.53%; Enfermería y cuidados, 2.44%; Negocios y Comercio, 2.43%. BIBLIOGRAFÍA: Breña, Roberto. (2016). «Las ciencias sociales y las humanidades en México: razones y sinrazones de un anquilosamiento». 8 de agosto de 2018, de Nexos. Sitio web: https://redaccion.nexos.com.mx/?p=7683.com • Foucault, M. (2016). «Un diálogo sobre el poder y otras conversaciones». Madrid: Alianza. • IMCO. (2017). «Las 10 más». Consultado el 8 de agosto de 2018. Disponible en: http://imco.org.mx/comparacarreras/las-10-mas • Isidro, de Pablo «¿Están incluidas las Humanidades y las Ciencias Sociales en la nueva regulación sobre creación de empresas de base tecnológica?» Consultado el 8 de agosto de 2018. Disponible en: http://www.madrimasd.org/informacionIdi/ analisis/opinion/opinion.asp?id=38172 • UNESCO. (2010). «Informe sobre las ciencias sociales: Las brechas del conocimiento». Consultado el 7 de agosto del 2018. Disponible en: http://unesdoc.unesco.org/images/0021/002173/217366s.pdf • Zamitis, H. (2015). «Las Ciencias Sociales en la UNAM: renovación institucional, responsabilidad social y desafíos». Consultado el 7 de agosto de 2018. Disponible en: https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0185161615000244 • EDUARDO BENITEZ TAMEZ. Licenciado en Ingeniería Industrial en el Instituto Tecnológico de Nuevo León, donde actualmente es docente. Ha realizado posgrados en Administración de Negocios con enfoque en Calidad y en Estudios Humanísticos con enfoque en Literatura. Actualmente cursa el Doctorado en Educación en la Universidad José Martí de Latinoamérica. Ha publicado cuentos en diversas revistas literarias y en la antología de cuentos. Es coordinador del colectivo cultural «El Regio Común». Actualmente, trabaja en el ITESM en el área de Soluciones Educativas, donde realiza investigación, además de consultoría a empresas para el diseño de soluciones. Contacto: eduardo.benitez.tamez@gmail.com
DISTRIBUIMOS A TODA LA REPÚBLICA
La exclusión de las Humanidades y su relación con la política
PARTE I Eduardo Benítez Tamez Eduardo Benítez, en esta primera parte, hace un estudio sobre las consecuencias negativas de excluir las Humanidades y las Ciencias Sociales en la educación actual. La Universidad, como entidad educativa, mantiene una estrecha relación con la política y la economía del país. Algunas variables son los análisis y toma de decisiones, como por ejemplo el número de estudiantes, la cantidad de instituciones en el país que ofertan programas educativos, el marcado y el enfoque en la productividad. Se constataron las variaciones en los discursos de la SES y la visión de la educación pública superior con miras al año 2015. El paradigma del estudiante es el referente que marca la fundamentación y las acciones de la educación. Se enfatizó en la necesidad de responder a las necesidades del país desde una perspectiva global y revalorar la educación como culturización del individuo. En el reporte de la UNESCO sobre el estado actual de las Ciencias Sociales (2010), hace un análisis de cómo se encuentran estos conocimientos y algunas problemáticas que afronta. Hay esfuerzos por valorar el conocimiento como un eje clave para la transformación de los individuos y el desarrollo de la sociedad, pero el conocimiento se encuentra bajo relaciones de poder que permiten o impiden su producción y divulgación. En el reporte de la UNESCO se hace la siguiente valoración sobre el conocimiento y su estado actual: «El conocimiento, en sus manifestaciones de ciencia, tecnología e innovación, ha adquirido un papel primordial para el desarrollo de las naciones. Se habla de una sociedad basada en el conocimiento, de una época dominada por el conocimiento. Sin embargo, se enfatiza el papel de las llamadas “ciencias duras” (Física, Química, Biología, etcétera) y de las ingenierías, y se desestima el papel de las ciencias sociales y de las ciencias humanas (humanidades) (UNESCO, 2010, p.12).» Como lo menciona la UNESCO, el conocimiento es una manifestación del ser humano en sus diferentes ámbitos sin importar categorías o áreas en particular. En pos de desarrollar las naciones en aspectos que responden a intereses de los gobiernos y sus entidades correspondientes. Se ha puesto mayor interés en temas como la tecnología, ciencia e innovación y las organizaciones realizan esfuerzos para poder contar con ellos con la intención de potencializar sus resultados. Esto conlleva a que algunas áreas de conocimiento tengan mayor relevancia a diferencia de otras que no son tomadas en cuenta. Generalmente el criterio que fundamenta lo anterior, es su aplicación en el campo laboral y la facilidad con la que se pueden medir los resultados y beneficios que se obtienen. Ésta es una de las razones por las cuales los programas educativos relacionados con las ciencias duras y la ingeniería tengan una alta demanda en las organizaciones y las Humanidades y el arte, no. Por su naturaleza, la medición de beneficios de las humanidades y el arte no es un ejercicio fácil y el interés que despierta no es suficiente para ahondar en la necesidad de su inclusión en las iniciativas de toda índole. De acuerdo con de Pablo, existe cierta inconsciencia sobre el potencial que tienen: «[…] hay que reconocer que, ni los propios investigadores son conscientes, muchas veces, de este potencial, ni se incentivan estas actividades en la carrera académica, y, por otra parte, ni la Sociedad ni el medio empresarial conocen lo que la investigación en Humanidades y Ciencias Sociales puede proporcionarles (de Pablo, 2009).» Tradicionalmente, las Humanidades y las Ciencias Sociales se consideran como conocimientos improductivos que no tienen mayor aplicación que el ocio de los individuos. El peso de los discursos empresariales tiende más hacia la productividad y el incremento de los ingresos en respuesta al ambiente competitivo y la globalización del mercado. Los tiempos demandan acciones inmediatas con resultados contundentes, cualidades que no se atribuyen a estas áreas de conocimiento, aunado a los pocos esfuerzos por buscar com-prender su importancia en las organizaciones y en la sociedad en general. Al respecto, Zamitis habla sobre el desconocimiento que se tiene sobre las Humanidades y las Ciencias Sociales: «[…] persiste en la sociedad la carencia de un reconocimiento pleno hacia las ciencias sociales como disciplinas formales, con carácter científico y valor profesional, pues en buena medida siguen siendo vistas como disciplinas de segundo orden, altamente ideologizadas, poco serias en sus conclusiones y poco eficaces en la solución a cuestiones prácticas (Zamitis, 2015).» Una de las razones por las cuales Zamitis considera que las Ciencias Socia-les y las Humanidades son excluidas es debido a que son consideradas como disciplinas que no cubren con la formalidad y el rigor científico, situación que responde al cumplimiento, procesos y comprobaciones para aceptar como verdaderos sus discursos. La aceptación de la comunidad científica que tiene las características que Foucault determinó para las sociedades discursivas, ejerce su poder y excluye a los discursos que conforman a las Humanidades. Su exclusión no elimina el conocimiento, pero le resta peso y demeritan su valor. Otra razón para su exclusión es el carácter ideológico con que tradicionalmente se identifica y se contrapone con el sentido objetivista que la ciencia persigue, además de lo complejo de su aplicación en situaciones concretas. Su factibilidad, en comparación con las ciencias duras y las ingenierías, las posiciona como una opción de menor confianza y poca factibilidad de uso. Estas situaciones ubican a las Humanidades en lo que Zamitis menciona como «disciplinas de segundo orden». De Pablo habla sobre las dificultades que afrontan las Humanidades y del poco aprovechamiento que las organizaciones hacen del conocimiento que producen: «Desde las Humanidades y Ciencias Sociales normalmente se generan capacidades, "know-how" y metodologías que dan lugar a estudios, informes técnicos, servicios, herramientas informáticas, edición de libros y material audiovisual. Sin embargo, dichos resultados no son objeto de propiedad industrial, y aquí ha residido la principal dificultad para visualizar el retorno a los centros de investigación de una forma sostenida en el tiempo (de Pablo, 2009).» Las cualidades de las ciencias duras y las ingenierías detonan el predominio de los discursos que las conforman, mismos que se adaptan fácilmente a la dinámica de los sectores económico y político que son fundamentales en las relaciones de poder en que están involucrados la verdad y el saber. De acuerdo con Breña, esta falta de atención a las Humanidades y ciencias sociales conlleva a su estancamiento: «[…] mientras continuemos pensando que las ciencias sociales y las humanidades se mantendrán (y prosperarán) por sí solas y no por la calidad del trabajo que hacemos día tras día, mientras todo esto suceda, el estancamiento de ambas en México seguirá siendo el elefante que nadie quiere ver (a pesar de estar apoltronado en el corazón de nuestras universidades y de nuestros centros de investigación) (Breña, 2016). _» La presencia de las Humanidades es inminente. Se tiene conocimiento de su existencia en instituciones educativas y en otros centros relacionados. Si bien sus discursos no son predominantes en el cotidiano del cuerpo social en México, también es cierto que los individuos tienen nociones al respecto ya que forman parte de la cultura y son fundamentales para enriquecerla y fortalecerla. Pero no son foco de atención para las entidades políticas y económicas. Una de las manifestaciones que evidencian la exclusión de las Humanidades de la educación superior en México es a través del comportamiento del mercado laboral que regula la oferta de puestos de trabajo y demanda individuos para cubrirlas. Las universidades forman parte de esta dinámica al ser las encargadas de formar individuos que posteriormente ingresarán a este mercado con la intención de formar parte de las organizaciones con la intención de ejercer su profesión. Es importante analizar cómo impactan estos factores a las Humanidades y a los individuos que tienen interés en estudiar carreras afines. Para tener una referencia amplia del comportamiento de las carreras profesionales en México, se tomará en cuenta el total de carreras profesionales y la cantidad de estudiantes en cada una de ellas, considerando las universidades públicas y privadas. Si bien el presente análisis se hace en torno a las universidades públicas, es importante tener el total de las instituciones para una visión más significativa del mercado laboral en el país. De acuerdo a los resultados de El Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO, 2018), se tiene un total de 66 categorías de acuerdo a las carreras profesionales, mismas que están disponibles para los estudiantes. De estas 66 categorías, 17 están relacionadas con las Humanidades y las Ciencias Sociales; es decir, representan un 26% del total. Es importante mencionar que de las 17 categorías, 9 son relacionadas con la formación docente en diferentes niveles y especialidades; es decir, más del 50% del total que corresponden a las Humanidades y Ciencias Sociales. El resto de las categorías corresponden a: Psicología, Sociología y Antropología, Lenguas Extranjeras, Literatura, Filosofía y Ética, Bellas Artes, Historia y Arqueología, Música y Artes Escénicas. Se puede percatar en los datos anteriores cómo las categorías relacionadas con las Humanidades y Ciencias Sociales representan menos del 30% y cómo dentro de ella más de la mitad corresponden a la formación docente. Si no se considera la educación en este listado, los porcentajes disminuyen considerablemente a un 12% del total de las categorías. Ahora bien, estos datos representan solamente las categorías de carreras profesionales, también es importante considerar la cantidad de estudiantes que se concentran en ellas. De acuerdo a IMCO, durante el 2017 se tuvieron la siguiente cantidad de estudiantes en las categorías de Humanidades y ciencias sociales: aproximadamente el 21% del total de estudiantes que cursaron una carrera profesional se concentra en las categorías de Humanidades y Ciencias Sociales. Del 21%, casi el 15% corresponden a estudiantes de carreras relacionadas con la formación docente; es decir, el 6% de los estudiantes se concentra en el resto de las categorías de Humanidades y Ciencias Sociales. Un dato interesante es ver los resultados específicos de la cantidad de estudiantes en las categorías que por tradición son representativas de las Humanidades y ciencias sociales: Sociología y Antropología con un .48%; Literatura, .43%; Filosofía y Ética, .32%; Bellas Artes, .30%; Historia y Arqueología, .30%; y Música con un .28%. Los resultados son reveladores cuando estas categorías representativas no alcanzan medio punto porcentual. Queda en evidencia la poca concentración de estudiantes en pro-gramas educativos relacionados con las Humanidades y las Ciencias Sociales. En lo que respecta a las categorías con mayor concentración de estudiantes, se tiene un top 10 en el que se concentra casi el 40% de los estudiantes. De acuerdo a información de IMCO se tiene lo siguiente: Administración y Gestión de Empresas, 7.77%; Ingeniería Mecánica y Metalurgia, 6.57%; Derecho, 6.14%; Contabilidad y Fiscalización, 3.38%; Psicología, 3.21%; Negocios y Administración, programas multidisciplinarios o generales, 2.64%; Electrónica y Automatización, 2.58%; Medicina, 2.53%; Enfermería y cuidados, 2.44%; Negocios y Comercio, 2.43%. BIBLIOGRAFÍA: Breña, Roberto. (2016). «Las ciencias sociales y las humanidades en México: razones y sinrazones de un anquilosamiento». 8 de agosto de 2018, de Nexos. Sitio web: https://redaccion.nexos.com.mx/?p=7683.com • Foucault, M. (2016). «Un diálogo sobre el poder y otras conversaciones». Madrid: Alianza. • IMCO. (2017). «Las 10 más». Consultado el 8 de agosto de 2018. Disponible en: http://imco.org.mx/comparacarreras/las-10-mas • Isidro, de Pablo «¿Están incluidas las Humanidades y las Ciencias Sociales en la nueva regulación sobre creación de empresas de base tecnológica?» Consultado el 8 de agosto de 2018. Disponible en: http://www.madrimasd.org/informacionIdi/ analisis/opinion/opinion.asp?id=38172 • UNESCO. (2010). «Informe sobre las ciencias sociales: Las brechas del conocimiento». Consultado el 7 de agosto del 2018. Disponible en: http://unesdoc.unesco.org/images/0021/002173/217366s.pdf • Zamitis, H. (2015). «Las Ciencias Sociales en la UNAM: renovación institucional, responsabilidad social y desafíos». Consultado el 7 de agosto de 2018. Disponible en: https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0185161615000244 • EDUARDO BENITEZ TAMEZ. Licenciado en Ingeniería Industrial en el Instituto Tecnológico de Nuevo León, donde actualmente es docente. Ha realizado posgrados en Administración de Negocios con enfoque en Calidad y en Estudios Humanísticos con enfoque en Literatura. Actualmente cursa el Doctorado en Educación en la Universidad José Martí de Latinoamérica. Ha publicado cuentos en diversas revistas literarias y en la antología de cuentos. Es coordinador del colectivo cultural «El Regio Común». Actualmente, trabaja en el ITESM en el área de Soluciones Educativas, donde realiza investigación, además de consultoría a empresas para el diseño de soluciones. Contacto: eduardo.benitez.tamez@gmail.com